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jueves, 26 de marzo de 2009

Fragmento de diario.


Nota: Hace un par de años una mujer leyó algo mio y decidió conocerme. Cuando le dije que escribía cuentos, su gesto cambió de emoción a desencanto. Entonces rapidamente añadí que estaba trabajando en una novela ( lo que no era cierto), y volvió a verse emocionada. Eventualmente de verdad empecé a escribir algo que pareciera una novela. La idea era narrar una serie de sucesos que ocurrían en un bar llamado El Salvador o se relacionaban con este; habían al menos 4 narradores distintos, y un monton de documentos falseados para redondear la historia( recortes de periodicos, entradas de enciclopedias, un par de parrafos de un libro de historia, etc.). Todo lo que escribí para esa dizque novela desapareció un día misteriosamente ( basicamente boté el cuaderno sin darme cuenta, o dandome cuenta, no recuerdo). Ayer encontré la mitad de una entrada del diario de un hombre que era uno de los narradores.

Mi querido lector.

Hoy estuve en un pequeño y horrible lugar llamado San Salvador, allí sentí que la sangre se me aglutinaba en los oidos, que delicioso miedo.

Te preguntarás cómo persona tan honorable y merecedora de respeto y consideración por sus cualidades morales se vio arrastrado a ese antro de buscones emocionales. Y debo dar respuesta concisa y clara a tan valida duda, no sin sentir algo de verguenza te diré que fue por pura nostalgia.

Mi preciosamente europeo psicoanalista ha dejado mi mirada enclavada en asperezas y resquicios de mi niñez. Ocurre que Jaime me preguntó cual era mi más temprano recuerdo. Entiende, mi querido lector, que no me siento capaz de mentirte, y que aunque me cueste aceptarlo, porque me averguenza profundamente, mi primer recuerdo es ese lugarejo poblado de alcoholicos, prostitutas y otras especies menores de la ralea humana.

Fue en una aciaga tarde de otoño cuando mi malvado padre, que dios guarde en el más profundo averno, por razones perversas, quizá para destruir de un golpe mi dulce inocencia infantil, me llevó a presenciar una particulamente sangrienta batalla campal entre dos mastodontes humanoides que gruñian simiescamente. Espero que entiendas, mi querido lector, el pavor que causó en mi joven corazón el descubrir que uno de esos barbaricos antropoides era mi progenitor.

Está claro que no le dije nada de esto a Jaime, no querría sorprenderlo con historia tan sordida, no sea que nuestro cordial encuentro semanal se cargara de momentos incomodos, o desconfianza mutua. Le conté de algún recuerdo posterior, una memoria dulce de la epoca en la que ya mi madre, anteponiendo el amor por si misma, y por el fruto de sus entrañas, a la caridad cristiana que la mantenía atada a mi bellaco padre, se había divorciado.

Despues del psicoanalisis considere correcto y necesario visitar el establecimiento que tanto marcó mi infancia. Decidí correr el riesgo de ser asesinado, drogado o violado por los viles clientes del lugar para procurar dilucidar los motivos que habrían llevado al bruto esposo de mi madre a exponerme a tan maligno lugar.

Debo aceptar, estimado lector, que es mejor de lo que lo recordaba, es pequeño y europeamente horrible, es comprensible que un alma decaída pueda buscar allí los elementos para continuar su descenso. La puerta comunicante con el sotano se hallaba abierta hoy en la tarde, atisbé a través de ella antes de salir de nuevo a la calle. No querría que alguien pensara que yo podría ser parte de la baja y envilecida clientela.

Sólo eso encontré, si les gusta podría intentar buscar más cosas e irlas montando.